Después de desconectar gracias a la Semana Santa, esta semana se ha trabajado el sistema internacional de pagos, centrándonos en la implantación del patrón oro en el siglo XIX.
Desde que surgieran los intercambios y el comercio, muchos bienes fueron usados como dinero, desde la sal hasta los cigarrillos. No obstante, el aumento de la producción mundial y el ritmo de comercio que empezó a darse en el siglo XIX originó un problema: el medio de pago tradicional era insuficiente. Por ello, tuvo que aumentarse la oferta monetaria y de los medios de pago, sobre todo del dinero bancario. Aún así, la difusión del sistema internacional de pagos de patrón oro permitió el correcto funcionamiento económico de la época. Durante el siglo XIX, la mayoría de países tenían un patrón bimetálico, basado en oro y plata. Será a partir de 1870 cuando las principales potencias, iniciándose en Gran Bretaña, se pasarán exclusivamente al patrón oro y contruirán un sistema monetario internacional basado en el dinero bancario convertible a una paridad fija en el banco central de cada país. Este fenómeno requería que cada país tuviese un banco central regulador del sistema, para que estableciese el valor fijo de conversión en oro de su moneda nacional, lo cual empezó a denominarse paridad. Las principales consecuencias que conllevó fueron la estabilidad de cambios en los mercados de divisas y la estebilidad de precios interiores, fomentando la globalización económica. Posteriormente, entraría en crisis a causa de su dependencia de la balanza de pagos británica (que era la líder) y de las presiones políticas y sociales en general.
Existieron autores que defendieron que el sistema del patrón oro se equilibriraría automaticamente en caso de desequilibrio en la balanza comercial y de pagos, como por ejemplo David Hume, basándose en un ajuste de los tipos de interés dependiendo de la situación propia de cada nación.
El sistema del patrón oro tuvo sus ventajas, como la constancia en el valor de la moneda, lo que provocaba que no existiese posiblidad alguna de provocar una devaluación inesperada que escamoteara los ahorros de todo un pueblo de un día para otro. No obstante, también tenía sus limitaciones, como que favorecía a los países con grandes reservas de oro (y limitaba a los que no las poseían). También, la falta de liquidez tendía a volverse endémica y a provocar un aumento de la deflación y de los desequilibrios que afectaban a cada economía. Pero aun así, el sistema cumplía los requisitos más importantes de toda emisión monetaria: brindaba seguridad y confianza. Conseguir ambas cosas, en las circunstancias actuales, es muy, pero muy difícil, a menos que aceptemos de una vez por todas, en mi modesta opinión, la dolarización o, mejor aun, retornáramos, si ello fuera posible, al patrón oro.
http://es.wikipedia.org/wiki/Patr%C3%B3n_oro#Origen_del_dinero
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